Cuando uno se queda solo, literalmente solo, sin nadie alrededor.
Puedes verlo de dos formas.
Como algo solitario, un abandono, algo deprimente, oscuro, frío...
O como un momento de meditación, relajación y conexión con uno mismo.
Cuando nos llegan malas noticias, podemos verlo cómo lo peor que nos podría haber pasado o como un bache del que aprender y ser más fuerte.
A veces, vemos las cosas tan mal que pensamos en abandonar, rendirnos, pasar página, darle una patada espartana al tema y hacer como si nunca hubiera pasado, pero hay que pararse a pensar si realmente la cosa va tan mal, si es necesario o simplemente hay que respirar, coger aire, energía y seguir adelante. Cuesta y mucho, pero hay que hacerlo o meternos todo el día bajo el edredón y no hablar a nadie.
Todo es cuestión de perspectiva.
De cómo quieras enfrentarte a las cosas.
Depende de cómo te encuentres emocionalmente, lo cansado que estés físicamente o de otros factores para que tiremos hacia un lado u otro. Pero no se nos puede olvidar, que aunque hayamos elegido la opción deprimente hay que buscar el otro lado para seguir adelante.
Creo que todo el mundo se enfrenta a las cosas pasando como tres fases, primero puedes hacer como si no te afectase el problema, hacerte la dura. Luego por un motivo o por otro caes, cuánto más tiempo hayas esta haciendo como si nada, más grande será la caída, y entras en ese estado depresivo... del que hay que salir, y salir como mucha energía y ganas de comerte el mundo. Buscando las distintas caras de la moneda, viendo las otras posibilidades.
Todo tiene formas diferentes de verlo, distintas perspectivas, ¿por qué no las buscamos?
Y hablando del tema, os dejo algunas fotos que he sacado, pensando en buscar distintas perspectiva de las cosas.
DISTINTAS PERSPECTIVAS
DE
MI VIOLA



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